domingo, 6 de enero de 2019

Hallazgo en el centro de salud

El personal del ambulatorio halla a un individuo en una consulta antes de que comience el servicio





Este tipo de titulares conviene aclararlos bien.

A priori, no veo nada de malo en el hecho de que un paciente haga cola de madrugada en su centro de salud para que lo atiendan antes que a nadie a la mañana siguiente.

También se hace cola desde la noche anterior en los auditorios para ver a Melendi y aquí nadie dice nada.





Además, tal como está la sanidad y el servicio de citas, si no lo hace así, no le toca hasta dentro de ocho días, tiempo suficiente para curarse o palmarla, según la gravedad del asunto y el nivel de resiliencia del individuo.

Otra cosa es que los responsables del centro en cuestión lo hayan "hallado".

¿Qué médico se lo olvidó allí el día anterior?

¿En qué estado se encontraba el individuo?

¿Habrá que entregarlo en "objetos perdidos"?







En principio, como yo creo que el hábito sí que hace al monje, en una primera evaluación, si llevase pasamontañas o sudadera con capucha, el "pollo" habría entrado a ver si pillaba algo que ponerse para el apuro; si por el contrario, llevara boina y luciera coloretes tipo manzana del país, se trataría sin duda de un paciente que se quedó dormido en la espera, al calor de la calefacción de estos centros que, como no la tienen que pagar los responsables, supera con creces a cualquier clima tropical y se suele regular con la pírrica solución de abrir las ventanas de par en par para compensar el exceso calórico.









En cualquier caso, convendría extremar las precauciones, no vaya a ser que del mismo modo que ha aparecido ese individuo, el día menos pensado aparezcan diez rumanos okupas y con la diligencia que se da la justicia para echarlos, vayamos a tener que trasladar la consulta y urgencias a la plaza de abastos, entre los pulpos y los repollos, mientras los eventuales inquilinos están allí tan calentitos y poniéndose morados de anfetaminas y otros psicotrópicos con barra libre y todo "por el cutis".




martes, 1 de enero de 2019

Moviendo los marcos


Vigo acusa a Mos de anexionarse 50.000 metros cuadrados de su superficie





En nuestra querida Galicia se consiente casi todo; de hecho pende sobre nosotros el estereotipo de pacientes, resignados y no sé cuantas cosas más.

Sin embargo, en las zonas rurales, hay un asunto por el que se cogen las escopetas, con o sin licencia, que hay sobre los armarios de los dormitorios y la gente se pone a pegar tiros al vecino a primer requerimiento:  "mover los marcos".



Inciso: lo de los armarios es una de las ventajas del rural; en las ciudades, al ser los armarios empotrados, no hay forma de dejar la escopeta encima; aunque tampoco hay marcos por los que pegarse tiros, dicho sea de paso.

Para urbanitas, jóvenes y personas menos conocedoras del rural gallego conviene aclarar que los "marcos" son una especie de mojones o sucedáneos que sirven para delimitar las propiedades de cada familia a modo de cierre virtual, para entendernos.





O sea, donde termina la tuya y comienza la del otro, allí se sitúa un marco.

De toda la vida ha sido objeto de picaresca el tema de mover los marcos para, de forma fraudulenta, añadir metros a tu propiedad a cuenta de restárselos al vecino. 

Obviamente todo esto se hacía, y todavía se hace, con premeditación, nocturnidad y alevosía; de ahí la dificultad de sorprender al actor con las manos en la masa y tener que enterarse después de pasado un tiempo al notar algo extraño en tus límites o recibir un chivatazo de otro vecino que se lleve mal con el responsable del hecho.







Al ser objeto de difícil comprobación y litigio, dado el minifundismo y carencias documentales propias de estas tierras, la cuestión de la propiedad se suele solventar al estilo del Lejano Oeste, sin tanta teatralidad, pero con armas de fuego real de por medio y, lamentablemente, algún que otro muerto por tal motivo.

En ocasiones, si no hay un arma de fuego a mano, para esnafrar al contrario se recurre a aperos de labranza, hoces, palos y otros objetos punzantes y contundentes con los que se consiguen similares resultados tan lesivos para el infractor, como gratificantes para el perjudicado.

Este deporte nacional de mover marcos tiene pingües beneficios especialmente cuando las fincas se encuentran abandonadas o poco visitadas por sus propietarios (herederos, ausentes y otra casuística), ya que por tal motivo no pueden recordar con exactitud los límites de su propiedad que, paulatinamente, se ven menguados en beneficio del taimado vecino.

Pues bien, en línea con todo lo anterior, el alcalde de Vigo -ejerciendo de buen gallego- ha denunciado al de su vecino Mos por moverle los marcos.






Cierto es que el vecino es de armas tomar.

No ha movido los marcos un par de metros, no; se ha venido arriba y le ha metido el diente a 50.000 metros cuadrados; para entendernos, el equivalente a diez campos de fútbol.

Seguramente no le habrá llegado una noche para mover la cantidad de marcos que delimiten tamaña superficie y habrá aprovechado que su vecino está ocupado y entusiasmado  con el tema de la iluminación navideña y no se ha dado ni cuenta.

Como no le ponga coto el primer edil olívico, los marcos le van a llegar a Balaídos y Citroen.

Nos queda por ver si el alcalde de Vigo tiene armario y escopeta para resolver este asunto a la usanza del lugar o recurrirá a métodos menos "enxebres" y más pacíficos para hacerlo.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Navidad,¿o no?

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Nos guste o no, tenemos que reconocer que el asunto este de la navidad se nos ha ido de las manos. 

Atrás quedan aquellos tiempos en los que la navidad empezaba cuando tenía que empezar, es decir, un par de semanas antes de la nochebuena; tiempo esperado durante buena parte del año y especialmente a medida que la fecha se iba aproximando en el calendario.

De este modo, a principios de diciembre comenzaban los escaparates a poblarse de mercancías propias de la época, bien juguetes, dulces navideños u objetos de otro tipo relacionados con el leitmotiv de la celebración.





En paralelo, las calles de las ciudades se iban iluminando con campanas, estrellas y otros humildes motivos luminosos más, esperados por todos con ansiedad, y que daban sentido a aquella entrañable época del año al tiempo que por algún altavoz estratégicamente ubicado sonaban conocidos villancicos para animar el ambiente.






Tampoco era infrecuente que alguna ocasional nevada aportara su romántico punto de decoración natural a todo aquello.

Pues bien, sin saber muy bien ni cómo ni porqué -o sí- las navidades empiezan ahora cuando le viene en gana a los centros comerciales. 

Este año he ido a comprar unas chanclas para la playa porque se me habían roto las de la temporada, y en su lugar, en vez de chanclas, había una variedad de turrones, mazapanes y polvorones al amparo del aire acondicionado que paliaba las altas temperaturas reinantes a finales de verano mientras la gente se torraba al sol en las playas.






Llámenme raro, pero no me veo comiendo polvorones y turrón duro, en la playa a 30 grados, al menos en Galicia que es mi tierra, y mucho menos a casi tres meses vista de las señaladas fechas.

Esta locura por precipitar el inicio de la navidad no va con el municipio de Meis que, sin darse mucha prisa, se encontraba colocando la iluminación ya pasados los días de nochebuena y navidad, como nos indica el titular de hoy.

Tranquilos, no hay prisa; ¿o es que son ya las del año que viene?

De todos modos, este entusiasmo por adelantar y potenciar la celebración navideña por parte del comercio, muy especialmente las grandes superficies, contrasta con lo romo de los gobiernos de turno a la hora de dar visibilidad a esta tradición tan arraigada en nuestra sociedad.

Resulta que al señor que le corresponde gobernar en estos momentos a nuestro país, no le gusta la navidad, o, al menos, no le he visto pronunciarse de forma entusiasta sobre ella.

En un escorzo nihilista, haciendo gala de la transversalidad, pluralidad, diversidad, globalidad y no sé cuántas gilipolleces más terminadas en -dad, que ha puesto de moda semántica el caballero en cuestión, también ha decidido suprimir el belén de su residencia oficial; cómo si el Niño Jesús tuviera algo que ver con sus posibles carencias emocionales.





Vamos a ver, las fiestas son para celebrarlas, y si no se cree en ellas, pues no se celebren y punto.

Habrá que ser algo coherentes, digo yo.

En principio, no conozco todavía a ningún ateo confeso que se pase las fechas navideñas trabajando, en vez de celebrarlas por no creer en ellas (verbigracia, el citado); tampoco a anticonstitucionalistas y antisistema, que cobran por serlo, que no apuren hasta el último minuto el puente de la Constitución para realizar cualquier actividad lúdica que nada tenga que ver con el trascendental acontecimiento que tampoco celebran, pese a ser lo que les permite comer caliente todos los días del año.

En la misma línea de pretendido post-modernismo se sitúan otras intervenciones y performances impropias de quienes están al frente de gobiernos locales representando a toda la población y no solamente a sus votantes y palmeros actuales y potenciales.  

Exabruptos como los exhibidos en Barcelona, Madrid, Coruña y otros más, no hacen más que confirmar la indigencia intelectual que caracteriza a sus promotores a la hora de respetar las tradiciones y su afán por hacer desaparecer cualquier vestigio que nos identifique como pueblo, al margen de cualquier consideración religiosa con la que podamos estar más o menos de acuerdo.






Habrá, pues, que rogar a los señores que circunstancial y temporalmente -no se olviden de esto último-  en estos momentos rigen nuestros destinos, que dejen las cosas como vienen estando los últimos dos mil años y respeten las tradiciones que, sin duda, permanecerán durante muchos años más pese a sus efímeros y talibanes esfuerzos. 

"Sic transit gloria mundi"

jueves, 18 de octubre de 2018

Dragones sin mazmorras




 

Encuentran un dragón barbudo australiano extraviado en un chalet de Madrid


La importancia de una coma, y para muestra un botón.

Encuentran un dragón barbudo australiano, extraviado, en un chalet de Madrid.

Encuentran un dragón barbudo australiano extraviado en un chalet de Madrid.

Tras analizar la utilización o no de la coma y por ende, del diferente significado de la frase; nos vamos a quedar con la última, que se destaca por la ausencia de comas en su enunciado, aunque me temo que no era esa la intención del redactor del titular.

Desconozco que es lo que pasa últimamente con las comas que, en el mejor de los casos, han desaparecido de algunos artículos periodísticos; y digo en el mejor de los casos, porque en otros, su utilización no es correcta, lo que desvirtúa completamente los mensajes.





Hoy, el periodista nos ofrece un titular que nos remite a un dragón barbudo pululando por un chalet de Madrid, sin saber muy bien a donde ir, y a sus moradores buscándolo por todas las dependencias del inmueble hasta conseguir encontrarlo.

Una de dos, o muy pequeño era el dragón, o muy grande era el chalet.

Vamos a ver, si tú vives en un chalet y en él mora un dragón -para más inri, barbudo y australiano- lo normal será que te lo tropieces por el pasillo, las escaleras, o te lo encuentres en el baño o en la cocina a la hora de desayunar, salvo que estés miope perdido y  lo confundas con el perro o con tu suegra.

Otra cosa será la relación que podáis mantener; lo mismo se deja acariciar la barba, o se escapa a la mínima que te acerques; tampoco se descarta que te pueda dar una dentellada del quince, meterte un viaje con la cola y estamparte contra la pared del salón, o soplarte un fogonazo tipo lanzallamas que te haga una depilación total , que así hicieron los dragones toda la vida de dios.





O sea que, vamos a celebrar que lo hayan encontrado, con comas o sin comas, antes de que la pueda liar parda dentro del chalet merendándose al gato, a algún niño, o plantándole fuego a las cortinas de la salita.