domingo, 23 de septiembre de 2018

Se buscan monjas



Se buscan monjas de clausura
para reabrir un convento

A mí, que soy una persona bastante ociosa, en vez de adueñarme de una valla para mirar obras, ponerme a estudiar ciencias políticas o leer a Paul Krugman, que no dejan de ser otras gilipolleces  similares, me da por curiosear anuncios de los periódicos en los que se buscan las cosas más variopintas; así puedo comprobar con frecuencia como se buscan albañiles, fontaneros, estudiantes para trabajos eventuales, y otros servicios de todo tipo y condición.

Lo que nunca había visto en anuncios por palabras, ni creo que llegue a ver, es que se busquen monjas, como acredita el titular de hoy.

En principio, cabría pensar que podría tratarse de mujeres con aspecto de monjas para figurantes de una película u otra cosa parecida; pero no, se buscan monjas de toca, de las de verdad, además, para rizar el rizo, de clausura.




Vamos a ver, catedrático, ¿cómo vas a buscar monjas de clausura si ya están "clausuradas" y no las puedes ver?

¿Cómo crees que te van a ver el anuncio si no tienen contacto con el exterior porque están encerradas en sus respectivas celdas haciendo tocinillos de cielo y zurciendo rotos imposibles de arreglar por el resto de los mortales.

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Una opción sería que les propusieras a través de la Madre Superiora, si lo tiene a bien, lo que hacen las telefonías para captar clientela, cambiar de compañía.

Ahí ya habría que ofrecer mejoras que las motivasen al cambio, como podría ser tarifa plana para oraciones, confesión virtual, celda full-equip, pases pernocta..., yo qué sé.

Aunque yo creo que la vía de sacarle clientes a la competencia, en este sector de la clausura no va a ser tarea sencilla.

Quizás habría que montar un criadero de monjas, en el mejor sentido de la palabra, al igual que se hacía no hace muchos años con los curas internando a los infantes en los seminarios -hoy más vacíos que la caja de las pensiones- para que de adultos, previa correspondiente tonsura, votos y demás protocolo litúrgico, empezaran a repartir hostias entre los afines al asunto religioso.





No sé, mejor dedicarse a la prospección en diferentes mercados en busca de otros fenómenos que pululan por ahí, como los del Hare Krishna esos, que parecen butaneros un poco tirillas con el coco rapado y a lo mejor los convences fácilmente y te vienen para tocar los platillos tan plácidamente en el convento sin dar la brasa a nadie por la calle y pagan religiosamente, como no podía ser de otro modo, el correspondiente alquiler.

Y así, ya podremos reabrir el convento. Lo malo es que estos últimos, de hacer tocinillos de cielo, me temo que nada de nada.


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lunes, 10 de septiembre de 2018

Submarino que no flota.




La triste historia del submarino español que no flotaba

El S-80 es la última joya de la Armada española. El problema es que no flotaba. Eso se resolvió agrandándolo. El problema ahora es que no cabe en su muelle. Y es carísimo.

Yo en ese submarino no me meto ni para recoger un premio de la primitiva.

Vamos a ver, para construir un submarino que no flota no se necesitan 4.000 millones de euros, que es lo que va a costarnos la fiesta a los españolitos que pagamos el pato de todos estos dispendios, más propios de una historieta de Mortadelo y Filemón que de una situación real.

Tú coges un autobús del desguace, le das 1.000 euros por él al paisano y lo tiras al mar (al autobús, no al paisano) y ya tienes un submarino que no flota por 3.999.000 euros menos y con el mismo servicio, o sea, para criar pulpos.






Estos temas de la ingeniería nunca llegué a entenderlos muy bien; en principio, el ingeniero es una raza que se cruje a estudiar un montón de años unas cosas muy difíciles para después, algunos, cagarla en cosas muy fáciles. 

El asunto de este submarino es digno de estudio, ya que la causa de que flote menos que una excavadora cargada de bloques de hormigón, se debe a que le han puesto más peso del debido en su construcción.


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Probablemente hayan pensado que los que flotan son los barcos y que los submarinos no tienen porqué flotar; o bien no tuvieron en cuenta a la hora de la construcción que después tendría que llevar un montón de torpedos a bordo para hacer pupita al enemigo, y esos pesan lo suyo.

Eso es como mi amigo de Rianxo que construyó una dorna en su galpón y cuando la quiso botar no le cabía por la puerta y tuvo que tirar una pared entera para poder sacarla de allí.

Fuere como fuere, hasta aquí, para nota; pero después vinieron otros lumbreras más lúcidos que los anteriores y para conseguir que el artilugio flotase como debiera, decidieron aumentar un montón de metros su eslora; conclusión: que ahora no cabe en su base.






O sea, que tu tienes una base la mar de chula para submarinos y te ves obligado a dejar a tu submarino estrella, de adorno en una rotonda de Cartagena porque en tu base se sale tres pueblos por encima del muro del muelle. 

Yo creo que debería de aterrizar, o amerizar mejor dicho, una nueva oleada de ingenieros para ver si pueden atracarlo en sentido vertical, que así ocupa menos y tal vez pueda colar; total, a la tripulación, que va tan apretujada que no se puede ni tirar un pedo, le va a dar igual ir vertical que horizontal; eso sí, en el hipotético caso de que finalmente consigan que la situación se normalice sin que se líe más todavía, que todo es posible, y así daría para un nuevo artículo y más cachondeo.



domingo, 2 de septiembre de 2018

Los pimientos del SERGAS




Piden que no se use el ambulatorio de Oímbra para la Festa do Pemento


Que la Sanidad Pública no funciona del todo bien, es de dominio público.

Para comprobarlo, solamente necesitas presentarte más bien de forma no voluntaria porque ir por ir, no vas, en algunos servicios de urgencias y ya empiezas a sufrir algunas ineficiencias al tiempo que vas salvando obstáculos -léase camas en los pasillos, sala de sillones, esperas eternas y otras lindezas, cual si un Juego de la Oca se tratase- ello aderezado, que todo hay que decirlo, con algunos dolientes que no deberían de haber acudido allí y lo han hecho por el simple motivo de que el moco les salía más verde hoy que ayer u otros que llevan a la abuela porque se tiró dos pedos de más por la noche, a ver si la pueden colocar para irse de fin de semana a la playa.




En cualquier caso no son los saturados servicios de urgencias el tema de hoy;  el titular que intento desgranar va de sanidad y pimientos; extraño maridaje así, a bote pronto.

Desconozco la autoría de la idea de celebrar la Festa do Pemento en el ambulatorio de Oímbra, pero no se puede negar que es una auténtica genialidad y su mentor merece especial reconocimiento.

¿Te imaginas la freidora talla XXL de dos metros de diámetro, con diez garrafas de aceite hirviendo en su interior, quinientos pimientos chisporroteando dentro de ella y todo este circo montado dentro del consultorio del médico de guardia?




O sea, que en esas entra un accidentado hecho un asco y tienes que decirle al que anda con la espumadera y el mandilón lleno de lamparones de grasa, que se eche a un lado porque tienes que atender al "cliente" y con la salpicadura del aceite hirviendo va a salir de allí bastante más perjudicado de lo que había entrado.

Bueno, también cabría la posibilidad de atender al paciente en el váter, apartando la escobilla, que tampoco nos vamos a poner tiquismiquis cuando nos encontramos tan fastidiados, y la cosa podría llegar a colar.

Otro tema, para nada menor, sería el acceso al consultorio, ya que es de suponer que si se trata de una fiesta, esté abarrotado de personal yendo y viniendo con el correspondiente plato de pimientos en una mano y la botella de vino, el pan y el vaso de plástico en la otra y la reportera de la televisión gallega preguntándole de dónde es y si es la primera vez que viene a la fiesta
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La charanga ya daría menos problema, pues la imagino ubicada en la sala de curas para no estorbar a todo el resto y en un recinto cerrado se va a escuchar desde cualquier sitio con todos sus decibelios a tope tocando "Paquito el chocolatero".

Realmente, solo habría que cuidar que el médico de guardia y resto de personal sanitario aguanten el tipo y no se tiren a los pimientos, más que nada porque pringan bastante los dedos y después se hace complicado manejar el tensiómetro con las manos engrasadas.

Reflexionando sobre lo anterior propongo que a partir de la fecha, las fiestas gastronómicas se celebren en los centros de salud de sus respectivas localidades ya que la lluvia, en su caso, no interferiría en la fiesta y además, en caso de intoxicaciones etílicas, ya serían atendidas al momento y sin que se despeinaran, ni el beodo ni el facultativo, eso sí, previo lavado de manos.




Y ya, para fiestas mayores, véase San Froilán o las patronales de Coruña, podrían dar mucho juego sus respectivos hospitales, HULA y CHUAC, por aquello del aforo.

¿Llegaremos a verlo?

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martes, 21 de agosto de 2018

Asegurado de aquella manera


Aseguradoras recurren a clínicas 'low cost' para reducir gastos con lesionados de tráfico



Ultimamente las grandes compañías están poniendo en práctica novedosos sistemas para abaratar costes.

Se nota que ahí trabaja gente con estudios, no como yo.

Las aseguradoras no son una excepción, y sus correspondientes lumbreras han llegado a la conclusión de que para furrichar hay que tratar peor a los pringados, o dicho como le gusta a sus engominados directivos, para mejorar la cuenta de resultados hay que reducir costes en prestaciones a finalistas mediante optimización de los recursos operativos.






O sea que, si desafortunadamente tienes un trastazo con el coche y te quedas medio pajarito, ten cuidado con lo que te vayan a hacer.

Me hace mucha gracia el anglosajón eufemismo de "low cost", si bien tiene ya mucha menos gracia su traducción al gallego:  "barateiro".

Y, sino, que se lo pregunten a los usuarios de algunas líneas aéreas.

Cuando algo tiene un precio sensiblemente inferior al de mercado, es que algo pasa; nadie da duros a cuatro pesetas.

No te puedes tomar una botella de Vega Sicilia por 10 euros, salvo que asumas que en la botella no hay más que un San Simón de un euro, como tampoco puedes comprarte un Mercedes "como nuevo" por 1.000 euros y dedicarlo a algo que no sea ponerlo de gallinero en la finca no edificable que tienes en el pueblo.






Pues ahora, pon el magín a funcionar y a ver si eres capaz de visualizar cómo te van a arreglar seis costillas rotas, del accidente que te endiñó el gilipollas que te embistió con la moto, en la clínica "low cost" a la que te ha enviado la aseguradora. 

Ya te lo digo yo:  pegándolas con pegamento Imedio y sujetándolas con una cuerda para que no se suelten.





Por favor, hagan desaparecer esos términos y engáñennos de forma sibilina, al menos que aunque nos vayan a atender peor, que no lo sepamos; no publiciten su arteras fórmulas de enriquecimiento a costa de nuestros huesos.

Así estaremos menos preocupados porque se nos vayan a despegar las costillas nada más salir de la "clínica low cost" y tengamos que ir recogiéndolas del suelo.

lunes, 20 de agosto de 2018

Salvado por el megáfono



Un socorrista de la playa de Oza advierte a un bañista por su nombre de pila del riesgo de una zambullida


Que Galicia es única, ya lo sabemos e, incluso, nos lo recuerdan muchas veces los foráneos. 

Entre los diversos estereotipos extendidos sobre los gallegos se encuentra, en lugar destacado, el de ser muy familiares y entrañables.

Pues bien, los turistas que se encontrasen disfrutando hoy de la playa de Oza, ya pueden ir dando fe de nuestra familiaridad por esos mundos de Dios.

Lejos de "Los vigilantes de la playa" que nos mostraba la serie de televisión, con aquellos mozos corriendo a cámara lenta para salvar a la gente, nuestros abnegados y profesionales socorristas, sacan a la gente del agua ¡llamándolos por su nombre! y sin despeinarse o, mejor dicho, sin mojarse, desde su puesto de vigía.





¡ José Luis, no te tires que te nos vas a esnafrar y ahogar y después a ver qué hacemos !

Y va José Luis, y no se tira.

Esto sí que es intimismo, colegueo y valor añadido al socorrismo clásico.

El turista, al uso, podría entender que en Galicia, al llegar a la playa, hay que dar el nombre en el puesto de socorro y que se fijen en tí antes de entrar en la arena, para que, ante cualquier eventualidad, el socorrista te reclame por tu nombre a través de la megafonía.





Con tanta profesionalidad, probablemente también lleven cuenta del tema de las digestiones de los niños y les metan un oportuno bocinazo a aquellos que, sin cumplir las dos horas, intenten meterse en el agua a espaldas de sus mayores.

En cualquier caso este tipo de "socorrismo personalizado a la carta" solamente se podría dar en nuestras playas; no me imagino yo a los socorristas de Torremolinos llamando a todos los miles de bañistas cada cual por su nombre. 





Entre otras cosas, porque tendrían que dominar varios idiomas y repartirse todo el tropel que se amontona en el agua, que son muchos.

Y, por otra parte, imposible aprenderse todos los nombres.